He escuchado muchas veces que “para llenarse, antes hay que vaciarse”. Esto, que en principio no es malo, sí que es imposible. Y tratar de alcanzar algo prácticamente imposible es, cuanto menos, desalentador.
Estoy convencido de que no es necesario vaciarse para llenarse. Más bien, hay que tratar de ser conscientes de lo que tenemos dentro, de reestructurarlo de manera positiva, de ordenarlo. Después, hacer hueco para lo nuevo, adaptándolo a lo que ya teníamos.
Así crecemos. Con lo viejo ordenado y con espacio para lo nuevo.